Furia siniestra

El zurdo medio está acostumbrado a que en el mundo, todo esté a derechas. Uno se resigna a utilizar el ratón con la derecha, ni pestañea cuando el dibujo de la taza siempre queda para el otro lado, y apenas registra el hecho de que el cambio de marchas se hace con la mano mala.

Pero (siempre hay un pero) hay detallitos, cositas sin importancia, que a estas alturas de la película me siguen sacando un poquito de quicio todas y cada una de las veces.

¿Cuáles son esas putaditas del imperio diestro? El metro. El lado en el que está la máquina de meter el billete, concretamente, mientras maniobras bolso, guantes, monedero, cascos -con su cable- y bufanda. Puntos extra si llueve y manejas paraguas. El metro de Barcelona, con su ahora-a-la-izquierda-ahora-a-la-derecha, sólo consiguió confundirme además de fastidiarme.

Siguiente faena para la mano zurda: Botones. No los de la ropa, no.  Los botones anti-zurdos son los de las cosas electrónicas. Véase mi nuevo tesoro, el lector electrónico. O para más inri, el de la cámara. Ya tengo poco pulso, ya desenfoco las fotos al darle al botoncito, como para que encima me lo pongan siempre al otro lado. Un circo, soy yo haciendo fotos.

Y así llegamos al último contratiempo lateral. Es un problema nuevo para mí, porque implica el uso de un accesorio de vestir que yo antes ni utilizaba, ni quería, ni tenía. Y ahora que me resigno, no tengo ni idea de cómo utilizarlo.

¿Se puede saber a qué lado se supone que va la hebilla del cinturón?

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