De jazz, pintxos y el disfraz de vagabunda
August 2nd, 2008No me preguntéis cómo ni por qué, pequeñuelos, pero el caso es que el finde pasado engañé a cuatro -no uno, ni dos, ni tres, sino cuatro- amigos para venirse conmigo a San Sebastián, nada menos que para… ¡ir a unfestival de jazz!
De una me lo esperaba, una vez salvado el escollo de su apretada agenda, y que actualmente la tiene midiendo la longitud de la hierba -en serio- de un remoto pasto asturiano, confraternizando con la fauna local y causando el escándalo por su pelo corto, claramente impropio de una mujer.
Pero de los otros, que afirman con contundencia que el jazz es a)música de ascensor y b) el refugio de la gente sin talento (Homer dixit), pues mira, no me lo esperaba. Pero yuhu.
Supongo que en retrospectiva fue una suerte que el festival de jazz estuviera empachado de brit pop interpretado por un francés y una magic girl, música electrónica de difícil definición y en general muchos bares llenos de pintxos. Pero bueno, eso último no es el festival, son las buenas costumbres del norte.
Además de beber, tomar el sol, quemarnos a parches de forma ridícula, hacernos con un miserable trozo de la playa de La Concha para dejar nuestras toallas -los que teníamos-, vadear inundaciones domésticas y enfrentarnos a ingentes cantidades de comida, hemos hecho un viaje de descubrimiento.
Hemos descubierto que Hoyu duerme sonriendo y arropado como un ratoncito, a falta de un símil más varonil. Que irse a dormir antes no te convierte en un muermo. Que estamos vieeeeejos, y recorrer un paseo marítimo nos deja agotados y suspirando por encontrar un lugar donde sentarnos. Si ponen cerveza, mejor. Hemos descubierto que en San Sebastián, en realidad todo el mundo está de visita. Los de allí están en el sur, en busca del sol.
Algunos han descubierto que no sé combinar colores y afirman que llevar vestido azul, pañuelo naranja, jersey marrón, bolso negro y sandalias rojas es equivalente a un disfraz de vagabunda. Yo lo llamo utilizar los recursos a mi alcance, pero en fin.
También hemos descubierto que en la autovía de peaje, primero dice “salida tal” y te saca de dicha autovía y te lleva a un pueblo, y después dice “área de servicio tal” y te lleva a la gasolinera a la que tú querías ir.
Y por último, algunos descubrieron el País Vasco como si fueran de safari por un país exótico y extraño. Y se metieron en una especie de bar borroka en cuanto se me perdieron de vista, sólo para acabar compadeciendo a la camarera, comprometida con la causa y aguantando a los veraneantes.
Eso es viajar con la mente abierta, y no ir a un Festival de Jazz.